jueves, 27 de octubre de 2011

Rubalcaba abre la caja de Pandora con su campaña

El partido socialista sorprende con un vídeo que muestra a un niño impecablemente trajeado y repeinado. Se dirige a la escuela, suponemos privada, acompañado de su ‘cuidadora’, que va vestida de uniforme. Le pregunta a ésta si tiene hijos y le responde ella que sí, que tiene una hija. El chaval saca entonces su conclusión: “Pues qué bien, así cuando seamos mayores ella podrá ser la cuidadora de mis hijos”.

Rubalcaba parece haber olvidado que él se formó en colegio privado, y se aferra a un tema tan sensible como es la anacrónica lucha de clases para tratar de rascar votos. Sienta así un peligroso precedente del “todo vale” con tal de ganar esta carrera electoral a la Moncloa. Su intento de demonizar la enseñanza privada mediante un niño no ha dejado indiferente a nadie.

Justamente esa ha sido la intención del vídeo: causar impresión. Los sondeos auguran una derrota socialista importante y la táctica que le queda al PSOE es apostar por el riesgo y llamar la atención. La polémica ha aparecido porque el asunto adolece de un cinismo atroz. Muchos dirigentes de la izquierda española han sido formados en “colegios bien” o han inscrito a sus hijos en los mismos. Sin embargo asumen el papel de mártires y manifiestan su rechazo hacia la educación privada.

El PSOE quizás no haya hecho frente a la crisis de la mejor manera posible, pero no cabe duda que está a la cabeza en cuestiones propagandísticas y de imagen. Lamentablemente los dos gigantes políticos caen en las críticas destructivas constantes y el poco espíritu de colaboración; pero son los socialistas –por méritos propios- los que saben sacar más partido de estas situaciones. El PP por el contrario resulta a veces obsoleto y antipático por su torpeza en materia de portavocía.

Sin entrar a valorar el contenido del vídeo es de recibo admitir que la idea es brillante. En condiciones normales, esto es que no sucedan grandes acontecimientos que puedan cambiar el sino de las elecciones, el socialismo sufriría las consecuencias de la gravísima crisis que vivimos y la necesidad imperiosa de cambio. No obstante Rubalcaba se ha sacado un as de la manga. Se puede discutir si es congruente o no. O intentar cuantificar el grado de hipocresía implícito en el mismo. Pero hay que reconocerle el magnífico impacto (impacto, que no acierto) mediático y que es altamente probable que sí que convenza al electorado más sensibilizado con este asunto.

A esta situación se ha llegado por las medidas de austeridad que ha tomado el Partido Popular. Los agujeros económicos eran(son) sangrantes, y se hacía imprescindible emprender acciones destinadas a paliar la desastrosa coyuntura económica. Las reformas han supuesto importantes recortes en educación, lo cual ha provocado las iras de determinados sectores poblacionales. La educación pública es un derecho constitucional y, como reza el spot de Rubalcaba, una manera de garantizar la igualdad de oportunidades; aunque todo se ha descontextualizado gravemente.

Es condición sine qua non para salir de la inopia económica tomar medidas impopulares. Tanto PSOE a nivel nacional como PP a nivel regional han tenido que aplicar duros recortes. De la misma manera que los populares criticaron a Zapatero cuando se vio obligado a aplicar reformas severas, ahora el socialismo les paga con la misma moneda.

Este país no saldrá adelante incidiendo en las diferencias. La situación política y financiera actual ha acentuado el cisma histórico de las dos Españas, y propagandas como esta de Rubalcaba contribuyen únicamente a meter el dedo en la llaga.

martes, 25 de octubre de 2011

Nueva Zelanda sobrevive al orgullo francés y se lleva la Copa del Mundo

          Resuena la Haka, atronadora, en el Eden Park Stadium de Auckland. Los All Blacks desafían con autoridad a Les Bleus, que aceptan el intercambio y se acercan con miradas encendidas y paso altivo. Todo dispuesto para la mayor batalla del planeta rugby: la final de la Copa del Mundo.
          Francia, de blanco impoluto, salió con la lección bien estudiada: no perder el partido en la primera parte y llegar vivos para tratar de ganarlo en la segunda, cuando Nueva Zelanda sintiese la pesada losa de la historia –hace 24 años que no gana un mundial- y le empezasen a flojear las piernas. Así lo hizo y casi lo consiguió, pero los locales tiraron de oficio para amarrar un partido que estuvo emocionante hasta el último segundo.
           La sofisticación de juego All Black y el elegante rugby-champán galo cedieron el protagonismo a la lucha sin cuartel, al pelear por cada metro del campo y por todas las conquistas de balón. Brega en estado puro sostenida por altísimas dosis de testosterona y adrenalina. Las huestes neozelandesas se batían para demostrar su teórica superioridad e imponer su infernal ritmo de juego; las tropas francesas buscaban su particular Revolución.
           Nueva Zelanda golpeó primero merced a un magistral lanzamiento de touche que permitió ensayar al mastodóntico Tony Woodcock. El combate continuaba sin tregua. Hubo varios errores en los lanzamientos a palos hasta que por fin Stephen Donald, que salió sustituyendo al lesionado Aaron Cruden, puso un 8-0 que parecía definitivo. Los galos abandonaron su indolencia para sacar toda la casta y calidad que habían tenido ocultas durante todo el mundial. Hicieron temblar los cimientos de la defensa neozelandesa hasta que lograron anotar y colocar un 8-7 a falta de media hora por jugarse.
           Con este resultado los franceses olieron sangre y abandonaron cualquier prudencia para lanzarse con todo a por el partido. Los All Blacks sufrían por primera vez en todo el mundial, y se limitaban a frenar como podían el ataque masivo de sus rivales. Un fantasma parecía haberse apoderado del alma de los locales, cuyas caras de angustia chocaban con los rostros enardecidos de los europeos.
           Cuando todo parecía perdido apareció Richie McCaw, el Gran Capitán All Black, que llamó a filas y puso orden. A falta de 5 minutos para el final del encuentro los delanteros de negro agarraron la almendra y la guardaron a base de cabezazos forzando a los galos a cometer faltas. El acierto kiwi y la desesperación francesa propiciaron que el partido muriera ahí y Nueva Zelanda pudiera proclamarse, por fin y merecidamente, Campeona del Mundo.

sábado, 22 de octubre de 2011

El perfil de Fabrizio Filippi: el joven que incendió Roma

           Un coche en llamas; un extintor en el aire lanzado con intenciones poco inocentes y el ‘justiciero’ en cuestión, en medio de un clima de éxtasis y violencia. El autor del lanzamiento, pobremente camuflado por una camiseta que le cubre la cara, se muestra con el torso desnudo y actitud vehemente, y destaca entre el caos que le rodea quedando así retratado e inmortalizado, lo que supondría a posteriori su detención. Estos son los elementos de una instantánea que ha dado la vuelta al mundo.
            Atendiendo a estos hechos podría parecer que Fabrizio Filippi, también conocido como ‘Er Pellicia’ por sus llamativos bucles dorados en el pelo, es un consumado antisistema con un currículo salpicado de distintos coqueteos con la justicia por alterar el orden público. O al menos un bohemio apolítico de ideas muy diferentes a las que rigen actualmente su país. Pero no. Fabrizio Filippi es un joven de veinticuatro años, nacido en el seno de una familia acomodada, hijo de un empleado de banco y una funcionaria, y estudia primer año de psicología en una universidad privada.
            Er Pellicia, contagiado del fervor y la pasión destructora de sus compañeros indignados se dejó llevar por sus instintos más violentos y arremetió como uno más contra los agentes del orden italianos. Y como uno más habría acabado para él ese día si no se hubiese convertido en protagonista por una foto que dio la vuelta el mundo y que casi le ha señalado como el joven que incendió Roma. Este estudiante, en su versión de terrorista urbano, se ha transformado en un icono involuntario de los indignados del 15-O, y en un objetivo claro de la justicia italiana.
            A pesar de su rudimentario camuflaje fue posible su identificación y posterior detención debido a un tatuaje en el costado y a una pulsera amarilla que llevaba en su muñeca derecha. Ahora Fabrizio Filippi se enfrenta a una posible condena de entre tres y quince años.
            El joven estudiante entendió mal su derecho a la libre expresión y a defender sus ideas. Resulta loable que alguien clame ante las injusticias y alce la voz cuando se sienta víctima de ignominias, pero a su vez es deleznable y censurable que sea la violencia y el caos el método elegido para lograr estos objetivos. Filippi -y su familia- van a pagar un alto precio por haber hecho algo equivocado en el lugar y momento menos oportuno.

Francia, a evitar naufragar ante el tsunami All Black

             “Francia no tiene ninguna posibilidad de ganar la Copa del Mundo”. Así titula en primera página el prestigioso diario neozelandés The Dominion Post. Esto ha supuesto un dardo envenenado directo al corazón de los altivos franceses que, si bien han cambiado el champán de su rugby por vino peleón, siguen siendo un rival temible.
            Nueva Zelanda y Francia se enfrentan este domingo en una final en apariencia desigual deportivamente pero de alto voltaje por las cuentas pendientes que tienen entre ellos. El brillante historial deportivo de los All Blacks tiene varios puntos negros para olvidar en cuanto a mundiales se refiere; siendo especialmente dolorosas las derrotas sufridas en 1999 y 2007 a manos de los galos. En ambas ocasiones los kiwis partían como grandes favoritos y se fueron a casa derrotados. Ese es el clavo ardiendo al que se aferran los franceses para mantener la esperanza en esta final en la que pocos apuestan por ellos.
            Los caminos que han seguido los dos equipos hasta llegar a la gran cita han sido bien distintos. Nueva Zelanda llega en plenitud de condiciones, habiendo ganado todos los partidos del mundial con solvencia y mostrándose arrolladora y con mucha determinación en los encuentros ante rivales de entidad. Liderados por su capitán Richie McCaw, guía deportivo y espiritual del equipo, parece que por fin avanzan hacia el título a paso firme si es que nadie lo evita.
            La otra cara de la moneda la representa Francia. Ha estado irregular de principio a fin. Perdió contra Tonga y los propios All Blacks en la fase de grupos; venció a Inglaterra con algunos minutos de rugby brillante y ganó de puro milagro a una Gales que jugó con garra con un jugador menos durante una hora. Pero les bleus son capaces de lo mejor y de lo peor. Son un grupo de grandes jugadores curtidos, resabiados y orgullosos capaces de derrotar a cualquiera y dispuestos a morir matando. Mal hará Nueva Zelanda si se fía de la aparente debilidad de sus rivales.
            ¿Quién reinará en el planeta oval los próximos cuatro años? Los dos colosos calientan sus músculos para la tremenda batalla que se avecina. El Norte contra el Sur. La Marsellesa contra la Haka. Francia contra Nueva Zelanda. Hagan sus apuestas. Esto es rugby.