miércoles, 23 de noviembre de 2011

El atardecer del genio

Roger Federer es el mejor tenista de todos los tiempos. El suizo ya no compite con sus rivales; su pugna es contra la historia. Sólo un necio diría lo contrario. Ni la errónea creencia de que toda época pasada fue mejor, ni el fervor patriótico hacia el plausible Nadal deberían incidir en esa realidad. El tenis no entiende de banderas, sino de emociones.

La prensa, especialmente la española, hace ya tiempo que pretende jubilar al genio. El incontestable 17–9 en enfrentamientos directos favorecedor a Nadal  ha condicionado sobremanera la opinión de aquellos que no han visto un partido de tenis en su vida en el que no jugase Rafa, como son, dicho sea de paso, la mayoría de los españoles.

El aficionado ‘intuitivo’ demonizó a Federer calificándole de ‘llorón’, ‘acabado’ o ‘frágil’ como fruto del vía crucis que el de Basilea sufrió ante su rival manacorí, que le tenía completamente minada la moral. Atendiendo al criterio de este seguidor medio, Nadal debería estar en la actualidad cercano al retiro debido a las seis finales consecutivas perdidas frente al actual número uno, Novak Djokovic.

El elegante Roger contra el gladiador Rafa: probablemente la más bonita rivalidad en la historia de este deporte. Ninguno de los dos sería tan grande sin la figura del otro. Ejemplares dentro y fuera de la pista, han dominado durante casi una década el tenis mundial. Es solamente un año en el que no han ganado decenas de torneos y ya el gran público parece haberse olvidado de la magnitud de sus leyendas.

Federer –Nadal es aún joven- disfruta de sus últimos años de tenis. La edad, su familia y el hecho de haberlo ganado absolutamente todo le alejan cada día que pasa de la máxima competición. El genio suizo, maestro de maestros, más pronto que tarde dejará de deleitarnos con sus plásticos golpes, su manera de flotar sobre la pista o su inagotable abanico de recursos. Hasta entonces, toca disfrutar.

martes, 15 de noviembre de 2011

España y su prestigio

La selección española parece decidida a borrar de un plumazo la imagen de equipo ganador que tanto le ha costado lograr. Los últimos resultados obtenidos en partidos amistosos no invitan al optimismo. Ahora todos quieren vencer al campeón, y España no ha estado a la altura de las circunstancias en la defensa de su prestigio. El equipo rey del planeta fútbol está adoleciendo de un pasotismo inaceptable en sus compromisos contra rivales de enjundia. Argentina, Portugal -con sendas goleadas-, Italia y ahora Inglaterra ya han noqueado a la Selección desde que ésta saliera campeona del mundo en julio de 2010. No hace tanto tiempo que un país tan futbolero como el nuestro vagaba por la mediocridad más absoluta a nivel internacional. Fueron muchos los fracasos vividos antes de saborear la doble gloria que ha supuesto ser campeones europeos y mundiales. Vicente del Bosque y en especial sus jugadores no deben olvidar que cuando visten esa camiseta roja, ahora con una estrella sobre el escudo, representan a toda España.

lunes, 7 de noviembre de 2011

El 'no retorno'

Existen profesiones y profesiones.

Por un lado están aquellas que ejerce la gran mayoría de la población: de un horario laboral más o menos amplio, con una presión más o menos intensa y agobiantes en mayor o menor medida. Coinciden en que siempre albergan la opción de enmendar un error que se haya podido cometer.

Por otra parte se encuentra el resto; una pequeña minoría con un denominador común: el punto de ‘no retorno’. Día tras día tienen en sus manos responsabilidades tan grandes que marea con sólo pensarlo, y hasta el más mínimo error puede resultar fatal ante la imposibilidad de volver atrás. Pilotos comerciales, controladores aéreos  -al César lo que es del César- y sobre todo médicos se hallan, entre otros, en esta categoría de profesiones de alto riesgo.

Recientemente se ha abierto un polémico debate a raíz de las declaraciones de Paulino Rivero, presidente del Gobierno de Canarias,  en las que afirmó que  «2000 médicos cobran más que yo» en las Islas Canarias. El señor Rivero, diplomado en magisterio y cuya única experiencia profesional al margen de la política es haber ejercido durante un lustro de profesor de primaria, parece considerar de mayor cualificación e importancia el actual cargo que ostenta que la ‘insignificante’ labor que realizan los profesionales de la medicina de su comunidad.

El sursuncorda canario ha olvidado que el médico es, probablemente, la profesión más injustamente pagada y tratada en la sociedad española. La figura del galeno, por regla general, es la de un profesional altamente cualificado que trabaja bajo una presión de máximo nivel y con unas consecuencias nefastas en caso de marrar. Sus horarios, además, no son tan condescendientes como los de, por ejemplo, los controladores aéreos, y se ven obligados a sufrir largos periodos de guardia, casi sin descanso, pero exigidos implacablemente en su ejercicio laboral.

Los médicos están siempre en continua formación. Estudiaron la carrera más larga, una oposición con una competencia feroz y una residencia de otros tantos años. Todo eso más una tesis doctoral si quieren ser llamados doctores de pleno derecho. Toda una vida dedicada a curar los males de los demás y cuya mayor recompensa es el eterno agradecimiento de aquellos a los que ayudaron.

Abogados de dudosa moralidad, trabajadores aeroportuarios con turnos de trabajos de dos horas (para que no se estresen), futbolistas analfabetos o los chorizos de los políticos cobran más que aquellos que visten bata blanca porque son nuestro ángel de la guarda terrenal.

Señor Rivero, no caiga usted enfermo.

Una crisis de bigotes

Se buscan ‘gentlemans’. Hombres de verdad; hechos a la antigua usanza pero adaptados a los nuevos tiempos. Caballeros andantes,  desfacedores de entuertos y de honestos principios. Todos ellos presentando un denominador común: el bigote.

En plena crisis financiera, y a pesar de los últimos datos alarmantes del paro, continúa impertérrita la iniciativa solidaria Movember. Hombres de todo el mundo dejan crecer sus bigotes durante el mes de noviembre en un intento por concienciar a la sociedad sobre la importancia, también, de cuidar la salud masculina
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‘Cambiarle la cara a la salud del hombre’: ésa es la guerra que libra Movember, y su principal batalla es el cáncer de próstata. Cada año en España son diagnosticados más de 18.900 casos. Un español muere cada hora y media a causa de esta terrible enfermedad. El movimiento se centra en la recaudación de fondos destinados a la investigación a través de las donaciones de sus participantes.

Movember nació en Australia en 1999, por la iniciativa de un grupo de amigos. Pero no es hasta 2003, a raíz de la creación de una fundación, cuando empieza a tomar fuerza. El movimiento se extendió con gran éxito y aceptación y es a partir de 2007 cuando toma su dimensión global actual. Millones de personas, entre los que se encuentran celebridades y deportistas de élite, dejan crecer sus mostachos durante los treinta días del mes con afán solidario.

El pasado uno de noviembre se abrió la temporada del bigote. Los MoBros y MoSistas –como son conocidos los participantes en el movimiento- comenzaron su tarea de sensibilización teniendo en esta ocasión un duro obstáculo con el que lidiar: la crisis. En plena efervescencia electoral y con las fatídicas cifras de paro se antoja una tarea titánica. Sin embargo, gracias al componente lúdico de la campaña, Movember continúa creciendo en tan encomiable tarea.

El bigote toma así un papel mucho más allá del ornamental. Se convierte en un símbolo no sólo de masculinidad sino también de esperanza. Solidaridad y cooperación a nivel mundial en la eterna lucha contra el más implacable de los enemigos de la salud humana: el cáncer.