martes, 10 de enero de 2012

Español con acento argentino

«Este Balón de Oro lo quiero compartir, especialmente, con mi compañero y amigo Xavi. Es la cuarta vez que estamos juntos en esta gala. Lo merecés. Es un placer estar contigo en la cancha». Con estas afectuosas palabras se dirigió Leo Messi, mejor jugador del mundo por tercer año consecutivo, a su colega Xavi Hernández que se tuvo que conformar, una vez más, con la pedrea de estar en el podio.

El Balón de Oro vuelve a hablar español -castellano para los más suspicaces- pero con acento argentino. El producto nacional continúa en su línea de infravaloración habitual. Nuestros vecinos franceses parecen reticentes a entregar a jugadores españoles lo que -juicio personal- en algún momento merecieron.

Haciendo recapitulación histórica sólo es posible encontrar un jugador nacido en España galardonado con la  máxima distinción individual. El gallego Luis Suárez obtuvo tal honor en 1960, merced a su brillantez en las filas del Barça y la Selección. Durante el resto del siglo XX, únicamente Amancio (1964) y Butragueño (1986 y 1987)  consiguieron alzarse con el Balón de Bronce.

En la última década, el color 'rojigualdo' ha cobrado más fuerza en los premios, pero sin llegar a llevarse el  ‘gordo’. En 2001, Raúl González, en el cenit de su brillante carrera futbolística, quedó segundo en la gala por detrás del jugador inglés Michael Owen.

Más inri: Fabio Cannavaro, defensa aguerrido y tosco donde los haya, ganó el galardón en 2006 gracias a la consecución del Mundial por parte de la selección italiana. En 2008, a pesar de que España fuese la flamante campeona de la Europa, no se vistió de oro un español, sino un portugués, Cristiano Ronaldo. Fernando Torres debió conformarse con el tercer puesto y Xavi, elegido mejor jugador del torneo internacional, ni siquiera subió al cajón.

Merece una mención especial el misterioso caso del año 2010. Messi se impuso a Xavi e Iniesta en la final. El argentino es el mejor del mundo, no cabe duda, pero los dos jugadores españoles ganaron aquel año, además de la Liga con su club -el Barça-, la competición más importante y granada del fútbol internacional.   Toda la opinión pública hacía cábalas sobre si sería Xavi o Iniesta el distinguido, pero el desenlace fue bien distinto.
Gracias a Dios (o a quien ustedes quieran) Lionel Messi sí sabe de fútbol, y se acordó con el premio en la mano del grandísimo jugador que es Xavi. La ‘Pulga’ sabe perfectamente que si su rendimiento en el Barça es tan mayúsculo es gracias a la categoría excelsa de los futbolistas que tiene detrás, como son el de Terrassa y el de Fuentealbilla, que en 2011 fue olvidado.

La sonrisa de Messi, que hace que parezca un crío disfrutando de un recreo, desaparece cuando se trata de representar a su país. Con la albiceleste lleva una pesada carga que le impide ser él mismo. Sin embargo, cuando juega en España la comparte con futbolistas españoles. Los grandes olvidados.

lunes, 9 de enero de 2012

Árbitros y 'futbolería'

El esperpéntico error cometido por el colegiado en el pasado derbi catalán -obviando un clamoroso penalti a favor del Barça- invita a la reflexión. Forofismos y tramas conspirativas aparte, el nivel arbitral en el deporte  rey es, a día de hoy, calamitoso. Tirando de hemeroteca es fácil descubrir yerros manifiestos: Stamford Bridge en 2009 o el Alemania - Inglaterra en el Mundial de 2010 son claros ejemplos, entre muchos, de partidos absolutamente condicionados por las decisiones arbitrales. El fútbol permanece instalado en el pleistoceno reglamentario. Todos los deportes, incluso los más tradicionales como el tenis o el rugby, han adecuado sus reglas a la evolución natural de la disciplina. El ojo de halcón o el juez de televisión son avances tecnológicos para mejorar el arbitraje que, sin embargo, los dirigentes futboleros consideran perjudiciales para el espectáculo. Los más suspicaces sospechan que la no implantación de evoluciones de este tipo se debe a intereses ocultos de las altas esferas. Mientras tanto seguiremos viendo injusticias atroces en el balompié. Hará bien el fútbol en dejar de mirarse el ombligo y aprender del resto.